Movimiento y flexibilidad versus fijación en una tarde de otoño

Noviembre llega con su propio lenguaje. Los árboles se despojan de lo que ya no les sirve, el aire se llena de hojas que llevan acabo su última danza antes de desaparecer, y la luz se vuelve más suave, más tenue, más íntima. Este es el mes en que la naturaleza nos recuerda que soltar es también una forma de vivir, que el cambio no siempre implica pérdida, sino renovación.

En este tiempo, mientras la vida parece recogerse lentamente hacia adentro, nuestros ojos también pueden aprender algo esencial: la mirada necesita moverse, fluir y dejar ir.

Los ojos, cuando están sanos y flexibles, se mueven con libertad. No se aferran a un punto, no capturan la realidad como si quisieran congelarla. No van en busca de nada porque nada debería ser capturado por ellos. Lo ideal sería que se deslizaran, exploraran y respiran el mundo a través del movimiento. En cambio, cuando la mirada se fija demasiado —en una pantalla, en una idea, en una preocupación—, los músculos oculares se tensan, y la visión se vuelve rígida. Lo mismo ocurre con nuestra manera de estar en la vida: cuando tratamos de retener lo que fue o controlar lo que vendrá, perdemos la claridad.

Visto así, ver es también saber soltar.

La naturaleza lo hace con elegancia cada año. Los árboles no se resisten a perder sus hojas. No intentan conservar su verde ni se lamentan por lo que cae. Simplemente obedecen el ciclo, confiando en que lo nuevo brotará cuando llegue el momento. Y sin embargo, nosotros, que tanto admiramos su belleza, seguimos intentando retener lo vivido, archivar imágenes, emociones, ideas, relaciones… Queremos “guardar” la realidad, como si la vista fuera una cámara que nos permitiera poseer lo que vemos.

Pero los ojos no están hechos para retener. Están hechos para recibir y dejar pasar.
Para mirar sin aprehender.
Para disfrutar el instante visual que se ofrece y permitir que se disuelva, igual que una hoja es llevada por el viento.

En la visión natural, aprender a ver implica también aprender a moverse. A moverse no solo con los ojos, cosa harto difícil en esta cultura sedentaria tanto física como mental. Cuando los ojos se mueven, el cuerpo se relaja; cuando la mirada se abre, la mente se expande. Es un proceso que nos enseña flexibilidad —no solo ocular, sino emocional y espiritual.

A veces creemos que la claridad depende de la agudeza visual, pero en realidad hay más factores que intervienen, nuestra capacidad de adaptarnos a los cambios de luz, de distancia, de enfoque. Los ojos saben hacerlo cuando les damos permiso. Y esa adaptabilidad es una metáfora de nuestra propia capacidad para aceptar lo que la vida nos ofrece sin rigidez, sin miedo.

Noviembre, con su energía escorpiana, nos invita precisamente a eso: a dejar morir lo que ya no necesitamos, a permitir que lo viejo se transforme. No desde la tristeza que implica la pérdida, sino desde la confianza. Escorpio nos enseña que la muerte es solo una fase del ciclo, que cada final es un preludio de algo nuevo.

Quizá este mes sea un buen momento para observarnos y quizás preguntarnos a qué imágenes sigo volviendo una y otra vez, a qué pensamientos o emociones me aferro aunque ya no me nutran.

Imagen de akuptsova en Pixabay

Tal vez puedas probar un pequeño ejercicio: mira a tu alrededor y deja que tus ojos se muevan libremente mientras te balanceas. Sin buscar nada, sin tratar de enfocar. Solo sentir cómo la mirada se desliza, cómo los músculos se relajan. Observa los colores del otoño, las texturas que cubren las avenidas o los parques, los matices de la luz. Deja que la vista se suavice. Y mientras lo haces, imagina que cada parpadeo es una forma de soltar, de limpiar, de vaciar lo que ya no necesitas retener.

La visión se renueva en el movimiento, igual que la vida. Cuando los ojos se abren al cambio, nosotros también lo hacemos.

Soltar visualmente es confiar en que no necesitamos guardar cada imagen para tenerla dentro. La vida nos muestra lo que necesitamos en cada instante. Si aprendemos a mirar con flexibilidad, nos damos cuenta de que ver no es poseer, sino participar.

Así, como los árboles en otoño, podemos aprender a vivir más ligeros, más libres, más disponibles.
A dejar caer lo que ya cumplió su función.
A permitir que la mirada —y la vida— respiren.

Porque solo quien se atreve a soltar, puede realmente ver.

Luz y alegría

Tundra

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La Visión Natural y cómo ver con presencia puede transformar tu vida

Vivimos rodeados de imágenes. Pantallas,  luces, mensajes que se disputan nuestra atención y con ella nuestra mirada. Pero, paradójicamente, en medio de tanta visibilidad, cada vez vemos menos. Miramos, sí, pero nos vemos abrumados por tanta información. Para sobrevivir a esa abalancha informativa, nos hemos acostumbrado a una mirada rápida, funcional, que selecciona solo lo que es útil. Sin embargo, la visión natural nos invita a otra forma de mirar: más lenta, más viva, más cercana a lo esencial. Nos recuerda que ver con atención y presencia no es solo una función del ojo, sino una puerta de regreso a nosotros mismos.

“Ver” con conciencia es mucho más que un acto fisiológico. Es un gesto interior, un modo de relacionarnos con la vida. Cuando practicamos la mirada consciente, suspendemos por un instante los automatismos, los juicios y las prisas. Nos quedamos flotando en un paréntesis en el que, si somos capaces de sostenerlo, nos quedamos frente a lo que es, tal como es. Y en ese instante, algo se abre: el mundo se nos revela y nosotros nos revelamos con él. Ver se convierte en una forma de Ser.

Desde pequeños aprendemos a mirar para identificar, clasificar, anticiparnos. Nuestra vista se convierte en un instrumento de control. Miramos para orientarnos, para cumplir las tareas, para evitar los peligros, para identificar las emociones de aquellos que nos rodean y adaptarnos, o no, al entorno. Pero esa forma de mirar genera tensión. La mirada se vuelve rígida, como si quisiera atrapar la realidad. En esa rigidez se refleja también una tensión interna: la de vivir con miedo a soltar el control por qué, ser uno mismo, quizás lo sentimos peligroso.

La visión natural propone el camino inverso: soltar la mirada para dar espacio a quienes somos. Nos invita a relajar los ojos y, con ellos, la mente. A confiar en que ver no depende del esfuerzo, sino de la apertura. Cuando dejamos de forzar la vista, el mundo aparece más nítido, más real. Y descubrimos que “ver bien” no significa enfocar con precisión, sino abrirnos a la experiencia completa de la percepción.

Cuando vemos desde la presencia, no solo miran los ojos: mira el cuerpo entero. La visión natural nos recuerda que los ojos son parte de un sistema vivo, un reflejo de nuestro estado interior. Si estoy tenso, mi mirada se estrecha. Si tengo miedo, mi campo visual se reduce. Si confío, mi visión se expande.

Autora: Carmen Fernandez- Viareggio-Italy

“Ver con presencia” es entonces una práctica corporal y emocional. No se trata de forzar, sino de permitir. Dejar que la luz, los colores, los rostros y los paisajes nos lleguen sin resistencia. Mirar sin apropiarnos, sin querer entenderlo todo.

Los métodos de visión natural proponen ejercicios simples para liberar la tensión ocular. Pero lo más transformador no está en la técnica, sino en la actitud. Lo importante no es  lo que hago, que también, sino desde dónde lo hago.

El “palmeo”, por ejemplo, es más que un descanso para la vista: es un gesto de ternura y recogimiento. Cubrir los ojos con las manos, sentir el calor y la oscuridad, es ofrecerles refugio. Es decirles que pueden descansar. En ese silencio cálido, la mirada se regenera, y abrimos nuestro espacio interior después de estar abocados permanentemente hacia afuera.

Cuando descansamos los ojos, también descansa la mente. Y en esa pausa, en ese silencio, afloran en nosotros, surgidos de ese vacío creador, ideas aparentemente inverosímiles y que reconocemos como verdaderas que alegran nuestro corazón.

“Ver con atención y presencia” es una práctica de autoconocimiento. Porque cada vez que miramos, proyectamos algo de nosotros en lo que vemos. Cuando contemplamos un paisaje y sentimos paz, esa paz nos pertenece. Cuando algo nos incomoda, probablemente esté tocando una parte interna que no queremos mirar.

Por eso, la mirada consciente no solo se dirige hacia fuera, sino también hacia dentro. Nos invita a preguntarnos: ¿desde dónde miro? ¿Qué emociones, creencias o miedos colorean mi mirada? ¿Qué partes de mí estoy evitando ver?

Aprender a ver es también aprender a sostener la mirada ante lo incómodo. Ver sin huir. Mirar con ternura incluso lo que duele. En esa honestidad comienza la transformación. La visión natural no busca perfección, busca presencia: estar con lo que hay, sin juzgarlo, dejando que la experiencia nos hable y nos guíe.

Cuando miramos con calma, sin intención de poseer o comparar, algo cambia en la relación con los demás. La mirada deja de ser un filtro de juicio y se convierte en un puente. Ver al otro con presencia es reconocerlo en su Ser, sin interpretaciones.

Esa mirada acogedora, libre de prisa y de propósito, tiene un poder sanador. Nos reconecta con la humanidad que compartimos.

La visión natural no es sólo una técnica para mejorar la vista, sino una vía para recuperar la claridad interior. Ver con atención y presencia es volver a casa, volver al cuerpo, al instante.

Cada vez que miramos con ternura y atención, el mundo deja de ser un objeto y se convierte en un espejo. Ver, entonces, es recordar quienes somos.

Mira un paisaje o haz un palmeo, crea una alianza con tu respiración e inicia el camino de regreso a ti.

Luz y alegría

Tundra

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12 HILOS, 1 VIAJE : la visión natural como exploración interior

Imagen de Julius H. en Pixabay

Comienza un nuevo ciclo en el blog, y este año querría invitarte a recorrer juntos un camino de autodescubrimiento a través de la visión natural —no solo como técnica para cuidar los ojos, sino como práctica para ir hacia uno mismo. Si algo nos une a quienes nos ponemos el sombrero de explorador/a es el deseo de ver(nos) con más claridad, de saber quiénes somos y en ese explorar, tratarnos con amabilidad  que ya hay bastante violencia, falta de  comprensión y compasión en el mundo.

Durante los próximos meses, propongo abrir 12 hilos de reflexión, uno por mes: pequeñas invitaciones a mirar(se) de otra forma, a experimentar y a preguntarnos desde los ojos y desde el cuerpo.

¿Qué cambia si soltamos la tensión visual? ¿Qué surge cuando enfocamos en lo pequeño o nos abrimos al campo periférico? ¿Cómo el modo en que miramos está vinculado a cómo habitamos la vida?

Cada reflexión vendrá con alguna sugerencia práctica y una propuesta de exploración, para acercar la visión natural al terreno de lo personal, lo vivencial y lo cotidiano. Este año, el blog se convierte en un laboratorio de experimentación amable, donde descubrirnos, si aceptamos la aventura.

Además, para quienes quieren ir algo más allá y profundizar en la práctica, anuncio el lanzamiento de un taller grupal online de 10 semanas, cuya presentación será el jueves 18/09 a las 18h en un Webinar abierto. (Te dejo al final del post el link al grupo de Whatsapp donde colgaré toda la información).

Será una oportunidad para compartir, preguntar y conocer de cerca el contenido del curso y cómo puede ayudarte. ¡Te espero allí para iniciar juntos este viaje! Si crees que a alguien conocido le puede ser útil, hazle un favor, y compártele esta información…habrá un antes y un después.

¿Te animas a tirar del primer hilo? Coméntame  qué te mueve o qué te gustaría explorar este año. Porque algo nuevo siempre comienza cuando decidimos mirar de nuevo.

Luz y alegría

Tundra´

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¿Y tú, estás alineado?

¿Alguna vez te has detenido a escuchar el eco de tus propios pensamientos? Tal vez hayas notado que tu mente sigue un camino, tu voz otro, y tus actos terminan en un lugar completamente distinto. Esta desconexión interna es más común de lo que parece.

Dentro de nosotros conviven tres fuerzas fundamentales: el corazón, que impulsa nuestros movimientos; el cerebro, que sueña y planifica; y la palabra, que da forma y fuerza a la relación entre ambos. Imagina por un instante cómo sería vivir en perfecta sintonía interna, donde cada sentir profundo encuentra el pensamiento certero y la palabra clara para explicarse al mundo y convertirse luego en acción.

En la vida cotidiana, solemos experimentar una disociación entre lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos. Esto genera insatisfacción, ansiedad y una sensación de vacío. Sin embargo, cuando logramos alinear corazón, mente y palabra, surge una coherencia interna que se traduce en autenticidad, bienestar y poder creativo.

La ciencia ha demostrado que el corazón no solo es un órgano físico, sino que posee su propio sistema nervioso, capaz de enviar información al cerebro e influir en nuestra percepción, atención y memoria. Cuando el corazón está en coherencia, se produce un estado óptimo que favorece la creatividad, la claridad mental y la acción efectiva.

La palabra, por su parte, es el puente entre nuestro mundo interno y el externo. Tiene una capacidad creadora enorme: puede transformar realidades, influir en las emociones propias y ajenas, y modificar nuestro entorno social.

En un mundo que nos invita a la dispersión —por las prisas, las expectativas ajenas y la costumbre de callar lo que sentimos—, la verdadera plenitud surge cuando lo que piensas, dices y haces se convierten en una sola melodía. La acción consciente brota de la integración entre la energía del corazón, la lucidez del pensamiento y la creatividad de la palabra.

Esta integración no solo es una necesidad individual, sino también colectiva. En las relaciones humanas, la autenticidad y la empatía florecen cuando somos capaces de expresar, a través de la palabra, el mensaje del corazón, ordenado por la claridad del pensamiento. La calidad de nuestra comunicación y la energía que ponemos en la acción compartida determinan nuestra capacidad de crear juntos nuevas realidades.

Cultivar esta conexión implica desarrollar autoconciencia, escucha activa y la capacidad de alinear intención, palabra y acción. Es un proceso de aprendizaje continuo, que requiere atención, práctica y apertura.

En estos tiempos, conectar con nuestro corazón y con el corazón colectivo es más urgente que nunca. Es ahí donde reside el poder de crear, transformar y ofrecer lo mejor de nosotros mismos.

Sentir, pensar, decir y actuar en coherencia es el camino hacia una vida plena y auténtica, tanto para uno mismo como para los demás.

Si has llegado hasta aquí, es porque ya has mirado dentro de ti, o alguien en ti desea hacerlo. Es un viaje precioso que, una vez iniciado, te llevará a lugares insospechados.

Las vacaciones son un momento ideal para reconectar contigo mismo, lejos de la carrera diaria y las listas interminables de tareas. Date espacios de silencio y escúchate; quizá una voz olvidada encienda una nueva llama en tu interior.

Te deseo unas felices vacaciones y si te apetece, volveremos a conversar en septiembre, quizás desde otro lugar…

Luz y alegría,
Tundra

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Solo se va más rápido, juntos se va más lejos

En un mundo en el que se valora la inmediatez y la eficiencia, muchas veces caemos en la tentación de recorrer el camino solos. La frase “solo se va más rápido, juntos se va más lejos” se la oí conscientemente por primera vez a Ainhoa y después de 2 años he experimentado la verdad profunda que encierra esa frase sobre la naturaleza humana y el poder de la colaboración.

Ir solo permite avanzar a nuestro propio ritmo. Unos más rápidos, otros más lentos y, el que es rápido no tiene que esperar a nadie, ni negociar decisiones; puede tomar atajos, cambiar de dirección sin consultar, sin tener que montar un cónclave para decidir la nueva dirección; puede ser toda una tentación, porque se siente la satisfacción inmediata de avanzar a una velocidad acorde a su propio temperamento.

Algunos podrían decir que la velocidad tiene un precio, la soledad. A mi juicio no creo que sea tanto la soledad, que no incomoda siempre a todo el mundo, si no la falta de experiencia de alegría, que la colaboración propone.

Caminar juntos nos permite reclinar la cabeza cuando surge el cansancio, contrastar puntos de vista cuando la duda hace acto de presencia o sentirte sostenido cuando el desorden aparece y no hay asidero al que agarrarse; por el contrario, hay que negociar con aquel en nosotros que nos impele a correr en vez de disfrutar del camino.

Para los supersónicos y que están muy en línea con lo que demanda la sociedad, que parece exigir las cosas para ayer, el ir con otros supone escuchar, adaptarse, ceder y, a veces, esperar…para ellos un mayúsculo ejercicio de contención.

En ese proceso de escucha, cotejo y decisión conjunta ocurre algo mágico: las ideas se multiplican, los talentos se complementan y los desafíos se vuelven estimulantes.

Juntos, ni la carga es tan pesada, ni los fracasos frustran y se consigue llegar a cimas que jamás hubiésemos imaginado.

Así que sumamos perspectivas, habilidades y energías. Nos ayudamos a ver lo que solos no veríamos, a aprender lo que solos no aprenderíamos y soltamos un mucho de “yo” que quiere que seamos especiales, que desea reconocimiento, diluimos nuestro personaje, soltándolo en pro de algo que va más allá de nuestra individualidad, y eso llena de alegría el alma.

El alma vibra alegre cuando comparte en el trayecto, crea historias, lazos y experiencias con otros y cuando uno mira atrás, lo que recuerda no es sólo aquello que se consiguió, si no con quien lo consiguió y las “aventuras” que tuvieron que correr juntos para ello.

No importa cuál sea el ámbito en el que se inicie el proyecto, sea en el trabajo, sea en el entorno familiar… el sostén, la presencia y el apoyo del grupo con quien compartimos objetivo nos ofrece la posibilidad de abordar lo que sea con una alta percepción de éxito, de conseguir aquello que imaginamos en el mundo de las ideas peregrinas  un día.  En esa ruta hacia una meta, cada uno habrá depositado parte de sus haberes y habrá podido superar algún reto, pulir alguna dificultad personal dándole la mano al que tiene al lado formando parte de esa red que se comunica para crear desde la alegría y el disfrute.

Si no te paraste a pensarlo nunca y sientes la tentación de correr solo, pregúntate: ¿quién en mi quiere llegar rápido? ¿Para qué?

Quizás puedas percibir la riqueza de caminar junto a otros en pos de un mismo objetivo…quizás descubras que las alianzas, los compartires y los aprendizajes siguiendo el ritmo del grupo son más nutritivos y menos estresantes para ti y llegas menos cansado al final del camino. Y quizás, también, descubras que todas tus células bailan de alegría al compartir ese hito con otros.

Somos seres relacionales …tal vez, la escuela de la vida lo que nos propone es que, aun viviendo conscientes de nuestro ombligo, nuestra mirada abarque un mucho más allá…incluyendo aquello que no vemos pero que forma parte de nuestro mundo.

Luz y alegría

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La moneda de la Vida

La vida, en su esencia más pura, es una sucesión de elecciones. Desde el instante en que despertamos cada mañana, nos enfrentamos a pequeñas y grandes decisiones: qué camino tomar, a quién dedicar nuestro tiempo, cómo responder ante lo inesperado. Cada elección es como lanzar una moneda al aire; tiene dos caras, y con cada una de ellas viviremos una historia diferente.

Elegir implica inevitablemente renunciar. Al decidirnos por una opción, dejamos atrás otras posibilidades, caminos que nunca recorreremos. Esta renuncia puede generar en nosotros cierta nostalgia o incluso miedo, para algunos quizás angustia, otros se moverán en la indecisión que los mantiene largo tiempo en el cruce de caminos: ¿y si la otra cara de la moneda fuese mejor?

Aceptar esta realidad es parte de la responsabilidad que conlleva vivir conscientemente. No podemos caminar dos senderos al mismo tiempo, pero sí podemos elegir cómo transitamos el que hemos escogido.

La responsabilidad no solo radica en tomar decisiones, sino en hacernos cargo de sus consecuencias. Es fácil culpar a las circunstancias o a los demás cuando las cosas no salen como esperábamos, lo que se llama coloquialmente “echar pelotas fuera”…no obstante, el adulto que sería recomendable que guiase nuestra vida reconoce su participación activa en el rumbo de su vida. Cada elección, por pequeña que sea, contribuye a construir nuestro destino. Y, aunque no siempre podemos controlar los resultados, sí podemos decidir nuestra actitud ante ellos.

Aquí es donde entra en juego la disposición y la flexibilidad. La Vida en contadas ocasiones sigue el guion que habíamos imaginado. A veces, la moneda cae de canto, y lo inesperado irrumpe en nuestro camino. En lugar de resistirnos o lamentarnos por lo que pudo ser, podemos abrirnos a la posibilidad de dejarnos sorprender. La flexibilidad nos permite adaptarnos, aprender a partir de lo que la vida nos ofrece, incluso cuando no coincide con nuestros planes iniciales.

Dejarse sorprender no significa vivir sin rumbo o sin responsabilidad, sino estar atentos y receptivos a las oportunidades que surgen en el trayecto. A veces, lo que parecía una mala elección se convierte en la puerta a nuevas experiencias.

Lo importante no es tanto la cara de la moneda que elijamos, sino cómo la sostenemos en nuestras manos. Nuestra disposición a aceptar, adaptarnos y aprender de cada circunstancia es lo que realmente define nuestra experiencia de vida. La vida es incierta, sí, pero también generosa con quienes se atreven a vivirla con responsabilidad y apertura.

¿Y si aceptamos las invitaciones que nos ofrece la vida y vivimos su aventura con la curiosidad de un niño y con la firmeza y la responsabilidad del adulto que somos?

Cada elección será un escenario nuevo en el que jugar este juego de la vida. Recordad que el juego le da la mano a la alegría así que, sea lo que sea que elijáis, que ella esté presente y si estás en el cruce de caminos, no te tortures más buscando la mejor opción…da un paso y no mires atrás…Déjate guiar.

Luz y alegría

Tundra

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Lo mejor es enemigo de lo bueno

Hoy os traigo esa frase atribuida a Voltaire; reflexionaremos un instante sobre ella. Quizás, como dice un buen amigo, tengáis algún “primo/a” que esté sufriendo por  sus efectos y quizás también le pueda ser útil lo que compartiremos.

Perfeccio´n

A nadie se le escapa que la búsqueda de la perfección, que no de la excelencia, no va a traernos nada saludable en nuestro día a día salvo frustración, parálisis o un desgaste emocional innecesario.

Distingo explícitamente la perfección de la excelencia porque a veces se utilizan como sinónimos y en su seno esas dos palabras contienen matices que pueden ser limitantes o motivadores.

Así, tener un espíritu que tienda a la excelencia dota a nuestra actividad de una mejora constante teniendo presente la realidad que nos rodea y en la que nos tenemos que mover.

Frente a la realista excelencia, está la idealizada perfección: “lo mejor”; “lo mejor de lo mejor” y ante esas mayúsculas absolutas, lo interesante, por supuesto, es preguntarse: lo mejor ¿respecto a qué? y, ¿quién marcó ese ideal inalcanzable?

Como decía alguien, la perfección es más inalcanzable que encontrar el calcetín que desapareció en la lavadora.

Y si es así, ¿por qué no le damos el alto a ese en nosotros que empujándonos a ser nuestra mejor versión nos esclaviza hasta lo indecible?

La perfección nos lleva a no intentar por si fracasamos, nos protege de las comparaciones y sus correspondientes juicios y sobre todo trae una imagen fija a nuestra mente a la que damos valor de certeza: hay que ser impecable.

¡Menudo desatino!

Entre “supermanes” y “super womans” quizás podemos darle un lugar a nuestra humanidad y por tanto nuestra imperfección.

Humanidad

Escapar de la trampa de la perfección, si se tiene una historia personal en la que ésta ha estado muy presente, no es fácil. Pero quizás no hay que escapar si no destronar el concepto e imaginarla como una selfie “ perfecta… requiere de demasiados filtros, queda poco de su autenticidad y sobre todo nos agotará energéticamente para no ser nunca suficientes intentando llegar a algo que no existe.

Si esperamos a que todo sea perfecto, nos perderemos lo divertido de improvisar y ¿qué pasa con un meme demasiado “editado”?…pues, que pierde la gracia.

Así que ¿qué tal si le damos unas vacaciones eternas a ese crítico insaciable y le damos paso a la flexibilidad y a los procesos de aprendizaje en los que barajamos aciertos y desaciertos?

Imaginaos la perfección como a ese amigo que siempre promete venir a cenar pero nunca aparece…y en el otro lado del espejo ese otro amigo que llega tarde, pero llega con una botella de vino, una sonrisa y un talante divertidamente contagioso…¿le abriremos la puerta?

Hemos abierto, como se dice coloquialmente, un “melón”…digerirlo cada día queda en manos de la excelencia de cada uno que, según Aristóteles, es un hábito.

Y no olvidemos, en cualquier caso,  tratarnos con compasión y amabilidad dando un espacio a nuestra humanidad.

Luz y alegría

Tundra

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Niebla

Estamos dando fin al invierno. Los días ya empezaron a alargarse y en ese intervalo hacia la primavera hay días de lluvia y hay días de niebla antes de que se evidencie la explosión que nos mostrará el potencial que el mutismo del invierno custodió durante estos meses.

En ocasiones la niebla se cierne como un manto de incertidumbre. El aire se carga de silencio, y hay preguntas que resuenan en un vacío ensordecedor y quizás nos preguntamos cómo encontrar el camino cuando todo parece envuelto en una bruma impenetrable, o qué dirección tomar, cuál es la elección adecuada.

Las respuestas, como la niebla misma, son esquivas, si buscamos fuera de nosotros mismos.

Imagen de Ingo Jakubke en Pixabay– niebla montañas

Mantenerse en la niebla, donde no hay referencias familiares a las que asirse, no es sencillo…nadie nos enseñó a caminar por ahí. La respiración se agita y parece que todo a nuestro alrededor se desordena. Aparece la prisa por encontrar un camino. Se busca con desesperación algo de claridad o a alguien que nos indique qué hacer o a donde ir. Aparece la sensación de caos y eso, por término general, no nos gusta.

En nuestro viaje, y la niebla es una de sus estaciones, se nos ofrece la oportunidad de practicar el gran secreto: sumergirse en uno mismo para volver desde las profundidades con el mapa en la mano.

Para eso hemos de pactar con nuestra impaciencia, que nos apura para tener una respuesta a cualquier precio; hemos de pactar con nuestra inseguridad y la imposibilidad de disponer de la contestación correcta en el preciso instante en el que nuestra mente la requiere.

La respiración es un excelente aliado en esa ceguera temporal de nuestro horizonte facilitando el acceso a nuestro espacio interior, allí donde se aloja esa llama que nunca se apaga y que nos guía si nos damos el permiso de escucharla. https://guiomarburgos.com/

Su ritmo, su amplitud y su dirección ponen orden en el desorden, serenidad en la angustia, claridad en la oscuridad. 

En el ciclo de la vida, los momentos de niebla y certeza se alternan igual que alternamos la vigilia y el sueño o el ayuno y la ingesta. El cómo transitamos de uno a otro dependerá mucho de cómo escuchamos nuestra voz interna…si es que lo hacemos. En muchas ocasiones nuestra relación con ella es intermitente y los bancos de niebla son muy espesos y nos generan desazón, momento ideal para pararse y darse cuenta de que lo que hicimos hasta el momento llegó a su fin, y se tiene que tomar una nueva dirección.

Si no atendemos a esa señal de ponernos en modo ralentí, nos agitamos innecesariamente gastando energía donde no toca porque no vemos dando así palos de ciego.

Dibujo de : Ángel de San Martín

Por eso, si hueles la llegada de la niebla, húmeda, fría y asediante aminora el paso, acércate a algún entorno natural, ya sea un parque, el mar, la montaña…lo que pueda ser más cómodo para ti en el lugar en el que estés y atiende a tu respiración.

Permítete soltar lo mismo que tomas. No reserves aire para después, suéltalo todo en la confianza de que habrá suficiente para la siguiente inhalación.

Baja de tu mente al corazón y busca la respuesta que necesitas. No siempre aparecerá al instante o como esperabas, así que requiere que estés atent@ a las señales que irán mostrándose y que serán pequeños flashes en la oscuridad.

Nuestra mente es la que se llena de miedos. Si sentimos como pulsa en nosotros la Vida podremos abrirnos a la confianza en la incertidumbre y no ser obstáculo para que la Vida fluya a través de nosotros.

Si estás en ese momento o lo has estado, seguro que sabes de lo que hablo. Y si hay alguien cerca de ti que sospechas que lo está transitando, sólo dale tu mano…a veces sólo se necesita eso para disipar las nieblas que le obstaculizan dar el siguiente paso.

Deseo que entréis en la primavera con claridad.

Luz y alegría.

Tundra

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No te das la importancia que mereces…

Me llegó por casualidad hace unos días un poema precioso y se me saltaron las lágrimas al reconocer a muchas mujeres de tantas generaciones renunciando a sí. Y recalco, no fueron todas, ni fue siempre.

Otras no lo hicieron, y vivieron felices sus vidas con lo que escogieron o alguien escogió por ellas y pudieron adaptarse en esa elección …quizás una posición inteligente…pero ¿cuántas tuvieron que tragarse sus lágrimas ante la frustración y la impotencia de no poder ser quienes eran o querían llegar a ser?

No hablo sólo de profesiones, si no de la imposibilidad de poder expresarse como eran para no ser juzgadas: demasiado espontanea, poco elegante, falta de corrección…la lista podría ser interminable, llena de pequeñeces que achicaban y las mandaban con sus sueños a un rincón.

Actualmente, pareciera que la mujer se ha liberado (sea lo que sea lo que para cada uno signifique eso) y seguramente en muchas ocasiones así es; no obstante, cuantas limitaciones internas a deshacer que todavía subyacen en la psique femenina.

Y da igual la edad, se aprendió en sociedad, se mamó en las calles y en la escuela, entre nosotras con comentarios poco afortunados que juzgaban a otras, que tildaban de “errónea” la elección de alguna por no estar dentro de los límites de la tolerancia social.

Y esa pobre, sobrevive revelándose o camuflándose para que no le corten las alas cuando sólo quiere ser ella: Ser mecánico. Vestir estrafalariamente. Cantar por la calle. Pintar ese cuadro que lleva dentro, o criar a sus hijos de forma diversa… y eso requiere tolerancia.

Tolerancia con una misma, para darse el permiso de ser diferente y quedarse sola si hace falta… Qué mala es la soledad y el rechazo. ¡Lo que el ser humano es capaz de hacer por evitarlos!

Hubo un tiempo en que los rolles nos robaban el tiempo, ahora coexisten algunos de ellos con otros ladrones más sutiles. ¡Cuánto  engaño! y cuan preciosa oportunidad para cerrarles la puerta si queremos; sólo hay que identificarlos.

Mujeres, hijas, madres, abuelas, tías, sobrinas…

¿Y si…? Nos lo permitimos, ¿Y si…  nos damos ese espacio? ¿Y si … conectamos con lo que nuestro corazón anhela y le somos fieles para cambiar el paso?

Quizás tengamos que amarrar bien nuestra vela, y cruzar tempestades… o…quizás se diluyan las nieblas que turbaban nuestra visión y, nos demos cuenta de que era un espejismo y sólo teníamos que pasar a la acción para que el camino se allanase… y no era tan grave como lo pintaban, y no era tan arduo como lo pensamos.

Que elija tu corazón, ¡que elija! Y, ¡hazle caso!, que no te atrape la vida sentada en una silla inmóvil diciendo: lo dejé para mañana y el mañana nunca llegó y, ahora ni fuerza tengo para sostener los silencios creativos que llenaban mi vida y hablo por los codos para llenar un vacío que se debió de llenar de sueños hechos realidad.

Os dejo el poema de Magdalena Sanchez Blesa(https://www.magdalenasanchezblesa.com/), no tiene desperdicio y si sólo de refilón te sientes identificada…toma acción, sal a la calle y encuéntrate en ese banco frente al mar, en esa plaza junto al parque, cómprate una flor y regálatela porque eres única, y tú, lo vales.

Y no dejes para mañana lo que hoy puedes entregar al mundo por que como dice Magdalena: no hay como tú nadie en el mundo,
porque en el mundo, como tú, no hay nadie.

 

Sería estupendo que la autora lo recitara, pero para los que escucháis habitualmente el audio lo haré yo… No obstante, si la buscáis la encontrareis y os enamorará como recita.

No te das la importancia que mereces,
y vas dejando que la vida pase,
y para ti no hay tiempo casi nunca,
y nunca te regalas un detalle.

Y corres, por la prisa de los otros,
y llegas a tu vida siempre tarde,
y va pasando el tiempo, y va pasando,
y vas envejeciendo en el paisaje.

Y no se te pregunta por tu risa,
que se fue diluyendo con la tarde.
Y siempre los demás, y para cuándo
una cita contigo en cualquier parte.

Te necesitas más de lo que piensas
y nunca te detienes a escucharte,
y tienes tantas cosas que decirte,
pero no te pareces importante.

Y siempre tú después, y siempre luego,
y siempre, para ti, más adelante.
Y siempre tú detrás, y siempre nunca,
y el tiempo, que se va sin esperarte.

Queda contigo en un lugar hermoso,
lleva una flor para identificarte,
y cuéntate la historia de tu vida,
ya verás como vas a enamorarte.

Porque no hay como tú nadie en el mundo,
porque en el mundo, como tú, no hay nadie.

Y siempre los demás, y siempre luego,
y vas envejeciendo en el paisaje.
Y nunca tus asuntos lo primero,
y déjalo pasar que no hace falta,
y acaso el mes que viene, si se puede.
Y el tiempo, que te agacha la mirada.

Y tú, cuando los años lo permitan,
y tú, cuando esta crisis un día pase,
y tú cuando se pueda en otra vida,
y tú nunca jamás de los jamases.
Y el tic tac del reloj en tu muñeca,
y vas envejeciendo en el paisaje.

Luz y alegría

Tundra

Tundra

 

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El verdadero problema del mundo, es que demasiada gente se hace mayor. Se olvida.

Hemos iniciado un año nuevo más. Todos, unos antes, otros después, hemos pensado qué nos depara el 2025. Algunos tienen proyectos interesantes que fructificaran, otros se abruman por todo aquello que está aflorando y sorprende no gratamente del ser humano y nos parece increíble lo que vemos y oímos como si de una película de ciencia ficción se tratase, otros simplemente viven el día a día.

Y en ese ir y venir, yo leía esta frase: “el verdadero problema del mundo es que demasiada gente se hace mayor. Se olvida”.

Podemos oír frases lapidarias con frecuencia, pero no todas ellas buscan un lugar en nosotros. Algunas, pasan de puntillas…otras se quedan un ratito y anidan en nosotros …quizás sean el principio de un pensamiento, quizás lleven a un cambio de actitud, quizás puedan dar un giro a nuestra vida.

Sueña, Crea, Ama

Hace tiempo que le doy vueltas a lo que es la imaginación y cómo ponerla en marcha; a qué es lo que la diferencia de la fantasía, a lo que es real y lo que es ficción y apareció esta frase.

Como podréis suponer, escucharla me llevó a muchos lugares y se agolpaban preguntas y frases como: qué es hacerse mayor; por qué podría ser ese el “verdadero”problema; “si no nos volvemos como niños, no entraremos en el Reino de los Cielos”; los niños no conocen los límites de la imaginación, por eso su mundo es tan mágico…estas y mil millones de preguntas que mi mente generaba delante de esa bonita zanahoria.

Y uno se pregunta: ¿me olvidé? ¿Qué dejé atrás pensando que no era útil y quizás es fundamental? ¿por qué pensé que era inútil?

Soñar, imaginar ha estado excluido frecuentemente por creerse “improductivo” en el mundo adulto, porque se creía que no te permitía tocar con los pies en el suelo y suponía el peligro de vivir en una vida paralela irreal que nos hiciese estrellarnos en el día a día; quizás ese tipo de pensamientos le cerró la puerta a la imaginación y a los sueños, a las ilusiones y a los deseos que salen del corazón.

Seguro que habéis oído otra frase que hace tiempo que socialmente nos ronda: si lo crees, lo creas.

Para poder crear algo, primero ese algo tuvo que estar en nuestro pensamiento y para colarse en nuestro pensamiento tuvimos que imaginarlo…o alguna inspiración se coló desde ese mar de Nun del que os hablé en una ocasión.

Nuestro cerebro, en algún momento, dejó pasar aquello que imaginamos a la parte elaborada del pensamiento y no le puso la etiqueta de que era una fantasía, y con ello, la imposibilidad de realización.

 

Creative thinking

Como adultos, utilizamos la lógica para movernos. Qué pasaría ¿si de vez en cuando, para ir de un punto a otro, de un objetivo a otro, en vez de la lógica utilizásemos la imaginación?

Dicen que, si la lógica te puede llevar de A a B, la imaginación te llevará a todas partes, así que quizás permitirnos imaginar una realidad distinta nos pueda llevar a ella por caminos insospechados si nos damos el permiso de explorarlos.

El “creative thinking” abraza mucho este pensamiento y parece que está dando resultado en el mundo empresarial… ¿por qué no utilizarlo como una práctica personal y de creación de una realidad más acorde con lo que nuestro corazón desea?

Si lo imaginamos y nuestro cerebro no lo cataloga como una fantasía (algo a lo que estar atento), podamos entre todos crearlo, en vez de quejarnos y hablar por las esquinas de lo mal que está el mundo.

Escribí hace mucho tiempo sobre la cabecera de mi cama unas palabras que en aquel momento resonaron mucho conmigo y que a día de hoy sé por qué una parte de mi las escribió: Sueña, Crea, Ama

La niña que quiso ser adulta rápido quizás buscando afecto, quizás buscando reconocimiento, se abrió paso curiosa a otras posibilidades e inició sus frases con:- y si…? Abrió los ojos como si de un cómic japonés de tratase y sonrió ante las miles de posibilidades que se abrían…pero eso será otro post.

Por ahora, si no lo habéis explorado, sólo os propongo:

¿Y si soñáis y os imagináis una vida distinta, un entorno distinto, una realidad distinta?

No significa que vuestra vida o realidad no os guste, ni tan siquiera que queráis hacer un cambio, sólo abrid esa puerta a la flexibilidad y a lo infinitamente posible…quizás el 2025 tenga escondida una sorpresa para vosotros.

Luz y alegría

Tundra

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