Visión periférica y armonía en las organizaciones: ampliar la mirada para mejorar el bienestar laboral

Hace unos días asistí a la presentación del libro Il pentagramma della prevenzione. El título me pareció inmediatamente sugerente. El pentagrama es el espacio donde las notas encuentran su lugar y donde, gracias a una disposición equilibrada, puede surgir la música.

Ninguna nota tiene sentido por sí sola. La música aparece cuando cada una se sitúa en relación con las demás.

Mientras escuchaba la presentación pensaba que esta imagen describe muy bien lo que ocurre en las organizaciones… y también en la vida.

Muchas veces hablamos de prevención, bienestar organizacional o riesgos psicosociales como si fueran elementos aislados. Pero en realidad lo que buscamos —aunque no siempre lo nombremos así— es armonía organizacional: un equilibrio dinámico entre las personas, los ritmos de trabajo, las exigencias, las pausas, la comunicación y la confianza.

Algo que permita que el conjunto funcione como una melodía y no como una suma de sonidos.

Pero para que esa armonía sea posible necesitamos algo fundamental: ser capaces de percibir el conjunto.

Y aquí apareció para mí una metáfora que me resulta especialmente cercana: la de la mirada.

Cuando trabajamos durante horas delante de un ordenador, nuestra mirada tiende a estrecharse. Los ojos se concentran en un punto pequeño, cercano y fijo. Poco a poco se instala una especie de “visión en tubo”, en la que toda nuestra atención queda dirigida hacia el centro de la pantalla.

Este modo de mirar es útil para tareas concretas, pero cuando se mantiene durante mucho tiempo, y actualmente nuestros ojos se mueven entre rangos muy cercanos, puede reducir nuestro campo de percepción.

Y no solo visual.

También mental.

La visión humana no está diseñada para enfocar, a pesar de que sea su trabajo estrella actualmente. Existe otra dimensión quizás menos evidente pero igualmente importante: la visión periférica.

Gracias a ella percibimos el espacio que nos rodea, los movimientos y las relaciones entre los distintos elementos del entorno. La visión periférica nos ayuda a integrar el contexto y a orientarnos dentro de él.

En el trabajo con la visión natural observamos algo interesante: cuando ampliamos el campo visual, la atención deja de estar atrapada en un único punto. La percepción se vuelve más abierta y más receptiva a lo que ocurre alrededor.

Si trasladamos esta experiencia al ámbito organizacional, la metáfora se vuelve muy clara.

Cuando estamos demasiado concentrados en nuestras tareas, en los objetivos inmediatos o en la presión de lo urgente, podemos terminar viendo solo “nuestra parte”. Nos enfocamos tanto en nuestra nota dentro del pentagrama que dejamos de percibir la música completa.

Sin embargo, la armonía organizacional no depende de la intensidad de una sola nota, sino de la relación entre todas ellas.

Desarrollar una mirada más periférica —en sentido literal y simbólico— significa recuperar la capacidad de percibir lo que sucede alrededor: las necesidades del equipo, los ritmos reales de trabajo, las dinámicas relacionales o las señales tempranas de tensión.

No se trata de mirar más cosas, sino de integrar más información del entorno.

Desde esta perspectiva, la visión periférica puede entenderse también como una metáfora del desarrollo de la conciencia colectiva dentro de las organizaciones. Cuando las personas amplían su campo de percepción más allá de su tarea inmediata, aparecen nuevas formas de coordinación, mayor sensibilidad hacia el impacto de las propias acciones y una comprensión más sistémica del trabajo.

En otras palabras, empezamos a ver no solo lo que hacemos, sino cómo lo que hacemos afecta al conjunto.

Quizás por eso cultivar una mirada más periférica puede considerarse también una práctica de prevención que impactará no sólo en nuestra vista sino también en la forma en que percibimos y habitamos los sistemas de los que formamos parte.

Porque, igual que en un pentagrama, la armonía no surge cuando cada nota intenta sonar más fuerte, sino cuando todas logran escucharse dentro de un mismo campo.

Y tal vez podemos hacernos —en nuestras organizaciones y en nuestra forma de trabajar— esta pregunta:

¿estamos mirando solo nuestra pantalla… o somos capaces de ampliar la mirada para percibir la música del conjunto?

Luz y alegría

Tundra

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Me gustas como eres

Nos encontramos en este mes de junio para compartiros un post de uno de nuestros lectores.

Este apunte  que nos comparte Andrea, es de gran valor  en su aparente sencillez. Tomó como referencia un programa de televisión americano que  contiene un principio básico de relación: la aceptación y el reconocimiento de lo que sí somos y el trabajo personal que hay que hacer para llegar a ese estado de amabilidad universal; algo a practicar no sólo con familiares y amigos.

A veces se tiene la tendencia de resaltar de los demás aquello que difiere de nosotros, como si nosotros fuésemos el único marco de referencia, sin atender a todo aquello de valioso y único que existe y que no reconocemos en el otro, sea porque en nuestra mente “el valor se le supone”, como decían antiguamente a los que hacían el Servicio militar, sea porque en un afán de perfección solo vemos aquello que a nuestro juicio debe ser mejorado…eso sí, recordemos siempre bajo nuestros ojos, nuestra percepción, que no coincidirá nunca con la del vecino, ni tan siquiera con la de nuestros familiares más próximos por mucha afinidad que se tenga.

Deseo que el post que nos ofrece Andrea os inspire…y quizás, si tenéis tiempo, podáis tirar de alguno de los cabos que deja a lo largo del texto; puede ser una bonita excursión con película incluida.

El Sr. Fred Rogers, de voz suave, fue durante más de 30 años el creador y presentador de un programa de televisión para niños transmitido en los Estados Unidos, titulado Mister Rogers’ Neighborhood. En el programa abordó todo tipo de temas, incluidos aquellos que otros no se atrevían a abordar, como los miedos de los niños.

Rogers, de voz suave, pensó que hablar sobre los miedos ayudaría a los niños a lidiar con ellos. Su voz, cálida y pausada, estimulaba en los oyentes una sensación de seguridad, acogida y consuelo, por lo que su fama y la estima de muchas personas, niños y adultos, crecieron con los años.

Hoy diríamos que podía hablar con el niño herido que todos llevamos dentro, sintonizando con su sistema ventro-vagal.

Para obtener este resultado, el Sr. Rogers tuvo que practicar todos los días para no olvidar sus heridas y comunicarse con los demás con serenidad y autoridad, a fin de realizar la vocación educativa que había elegido.

En 2019, Tom Hanks interpretó al Sr. Rogers en la película A Beautiful Day in the Neighborhood (en Español: Un amigo extraordinario) que recomiendo con mucho gusto, especialmente para aquellos que han elegido una profesión de ayuda.

En cada episodio del programa, el señor Rogers, cantaba alguna canción, todas compuestas por él mismo, con un valor educativo y tranquilizador para sus pequeños espectadores y aquellos adultos que también se dejaban inspirar.

Uno de los más famosos capítulos, el primer episodio, contiene una declaración de amor por el niño que crece y que cambia a medida que crece: “Me gustas como eres -le dice el señor Rogers- exacta y precisamente como tú eres”.

El mensaje es claro: el valor de cada persona está libre de cualquier condición. En el análisis transaccional esto podría llamarse “bien incondicional”: estás bien como eres, independientemente de lo que tengas o de lo que hagas, o de cómo te transformes.

Creyendo que este mensaje es nutritivo para quienes logran, aunque sea con dificultad, sentirlo auténticamente en sí mismos, he decidido reproducirlo a continuación traducido.

Me gustas como eres;

Exacta y precisamente (como eres).

Creo que has salido muy bien

Y me gustas como eres.

Me gustas como eres,

sin una duda o pregunta

ni siquiera una sugerencia

Porque, me gustas como eres

me gusta tu disposición,

tu composición facial,

y con tu permiso,

lo gritaré a una estrella.

Me gustas como eres.

No quisiera cambiarte,

ni reorganizarte,

ni de lejos

Me gustas

M-E  G-U-S-T-A-S

Me gustas, sí me gustas

Me gustas, T-U, me gustas

Me gustas, me gustas como eres.”

Ojalá la mirada del Sr. Rogers se nos contagie al igual que ese estado de amabilidad. que procuraba ejercitar.

Como él, deberemos practicar cada día. Tenía sus mecanismos para procurarse ese estado porque nadie ni nada es perfecto. Si miramos desde la amabilidad y la gentileza  a los que nos rodean, estoy convencida de que los frutos de los procesos de cada quien serán como flores que alegren la campiña, ¿os apuntáis a mirar desde el corazón?

Luz y alegría

Tundra

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