Solo se va más rápido, juntos se va más lejos

En un mundo en el que se valora la inmediatez y la eficiencia, muchas veces caemos en la tentación de recorrer el camino solos. La frase “solo se va más rápido, juntos se va más lejos” se la oí conscientemente por primera vez a Ainhoa y después de 2 años he experimentado la verdad profunda que encierra esa frase sobre la naturaleza humana y el poder de la colaboración.

Ir solo permite avanzar a nuestro propio ritmo. Unos más rápidos, otros más lentos y, el que es rápido no tiene que esperar a nadie, ni negociar decisiones; puede tomar atajos, cambiar de dirección sin consultar, sin tener que montar un cónclave para decidir la nueva dirección; puede ser toda una tentación, porque se siente la satisfacción inmediata de avanzar a una velocidad acorde a su propio temperamento.

Algunos podrían decir que la velocidad tiene un precio, la soledad. A mi juicio no creo que sea tanto la soledad, que no incomoda siempre a todo el mundo, si no la falta de experiencia de alegría, que la colaboración propone.

Caminar juntos nos permite reclinar la cabeza cuando surge el cansancio, contrastar puntos de vista cuando la duda hace acto de presencia o sentirte sostenido cuando el desorden aparece y no hay asidero al que agarrarse; por el contrario, hay que negociar con aquel en nosotros que nos impele a correr en vez de disfrutar del camino.

Para los supersónicos y que están muy en línea con lo que demanda la sociedad, que parece exigir las cosas para ayer, el ir con otros supone escuchar, adaptarse, ceder y, a veces, esperar…para ellos un mayúsculo ejercicio de contención.

En ese proceso de escucha, cotejo y decisión conjunta ocurre algo mágico: las ideas se multiplican, los talentos se complementan y los desafíos se vuelven estimulantes.

Juntos, ni la carga es tan pesada, ni los fracasos frustran y se consigue llegar a cimas que jamás hubiésemos imaginado.

Así que sumamos perspectivas, habilidades y energías. Nos ayudamos a ver lo que solos no veríamos, a aprender lo que solos no aprenderíamos y soltamos un mucho de “yo” que quiere que seamos especiales, que desea reconocimiento, diluimos nuestro personaje, soltándolo en pro de algo que va más allá de nuestra individualidad, y eso llena de alegría el alma.

El alma vibra alegre cuando comparte en el trayecto, crea historias, lazos y experiencias con otros y cuando uno mira atrás, lo que recuerda no es sólo aquello que se consiguió, si no con quien lo consiguió y las “aventuras” que tuvieron que correr juntos para ello.

No importa cuál sea el ámbito en el que se inicie el proyecto, sea en el trabajo, sea en el entorno familiar… el sostén, la presencia y el apoyo del grupo con quien compartimos objetivo nos ofrece la posibilidad de abordar lo que sea con una alta percepción de éxito, de conseguir aquello que imaginamos en el mundo de las ideas peregrinas  un día.  En esa ruta hacia una meta, cada uno habrá depositado parte de sus haberes y habrá podido superar algún reto, pulir alguna dificultad personal dándole la mano al que tiene al lado formando parte de esa red que se comunica para crear desde la alegría y el disfrute.

Si no te paraste a pensarlo nunca y sientes la tentación de correr solo, pregúntate: ¿quién en mi quiere llegar rápido? ¿Para qué?

Quizás puedas percibir la riqueza de caminar junto a otros en pos de un mismo objetivo…quizás descubras que las alianzas, los compartires y los aprendizajes siguiendo el ritmo del grupo son más nutritivos y menos estresantes para ti y llegas menos cansado al final del camino. Y quizás, también, descubras que todas tus células bailan de alegría al compartir ese hito con otros.

Somos seres relacionales …tal vez, la escuela de la vida lo que nos propone es que, aun viviendo conscientes de nuestro ombligo, nuestra mirada abarque un mucho más allá…incluyendo aquello que no vemos pero que forma parte de nuestro mundo.

Luz y alegría

Tundra

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ESTÚPIDO

Hoy vengo a presentaros esta palabra, bien, este adjetivo si somos puristas.

Mientras me ponía a escribir, mi mente me ha preguntado si no había otra palabra más bonita para analizar o que aportase algún toque diverso a nuestro universo lingüístico, pero ipso facto me he dicho, Tundra, los “gurús” del momento hacen alarde de encontrar oportunidades en los obstáculos…así que he pensado en cómo podría cambiar nuestra visión una perspectiva diversa de esta palabra…quizás su etimología nos ayude.

Convendréis conmigo que cuando se utiliza la palabra estúpido no es para agasajar ni felicitar a nadie, bien al contrario, y acostumbra a ir acompañado de un cierto tono despreciativo, pero… ¿y si os dijese el secreto que se esconde tras esta palabra?… quizás en vez de utilizar un tono despreciativo utilizaríamos nuestro ingenio para comunicarnos de forma más adecuada con aquel a quien tildamos de estúpido.

¿Me seguís en el proceso?

Según la RAE, es “estúpido” aquel que tiene una torpeza notable en comprender las cosas.

El adjetivo estúpido deriva del latín “stupidus”, y éste, del verbo “stupere” que significa quedar paralizado o aturdido…así que quizás no hay incapacidad, si no una dificultad de comunicación entre el que emite y el que recibe, quedando el que recibe paralizado…¿quizás porque se están utilizando canales distintos?

Hay quienes disponen de muchos recursos personales, y saben muchos idiomas…pero qué le pasa a uno que sólo sabe español y le hablan en alemán… ¿es estúpido? ¡No!, diremos: es que no conoce el idioma… quizás, aquel a quien tildamos de estúpido simplemente no “entiende nuestro idioma”.

Sabéis, esta pincelada me está encantando, me permite buscar alternativas para comunicarme con quien no está entendiendo lo que explico. De eso saben mucho los maestros, seguramente podrían darnos cientos de ejemplos, desde explicar la química a través de la fermentación de una masa de pan, a explicar la gramática a través de una canción de RAP…y qué casualidad, aquel que no lo entendía, seguramente no querrá ser químico, pero entenderá lo que es una reacción química; o alguien que no “entiende” poesía podrá descubrir el ritmo en la versificación del RAP…no son “estúpid@s”, simplemente hay que acceder a ellos desde lo que resuena con ellos , desde sus canales.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Jugando con la palabra he descubierto algo, ES -TUPIDO…y…¡anda! he caído en que TUPIDO es cuando hay muchos elementos juntos o apretados.

Tupir es apretar algo haciéndolo más cerrado y espeso y viene de la onomatopeya (Onomatopeya es la formación de una palabra por imitación del sonido de aquello a lo que se refiere.) “tap” sonido que se hace al aprisionar la tierra.

La partícula -ido, viene referida a aquel que recibe la acción.

Así que lo que leo es que el ES-TUP-IDO, es alguien que recibe presión y se cierra.

Cerrarse es equivalente a tensarse…y ¿en cuántas ocasiones y en cuántas terapias hemos descubierto que lo primero que hay que hacer para que el individuo fluya ya sea en el movimiento, ya sea en la comprensión es relajarlo porque está demasiado tenso? Desde la técnica Alexander, Feldenkreis, yoga, o la visión natural… todos hacen hincapié en lo mismo, estamos sobre excitados, estresados…esa palabra tan de moda.

¿Cuántas veces un docente introduce una anécdota chistosa dentro de una explicación compleja para relajar la mente de sus alumnos y favorecer su aprendizaje?

¿Y si aquel al que llamamos estúpido, fuese alguien habitualmente estresado o tenso porque no recibe la información que necesita desde el lugar que es capaz de entender?

Ahí dejo la reflexión que, por supuesto es personal y tiene mi mirada, así que no tenéis por qué estar de acuerdo; pero en mi caso os aseguro que, a partir de ahora, antes de pensar que alguien es estúpido, pensaré si quizás yo no estoy sabiendo utilizar el lenguaje que puede comprender.

Luz y alegría

Tundra

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