El juego visual: creatividad, espontaneidad y aprendizaje visual

¿Cuándo fue la última vez que jugaste con tus ojos?

Cuando hablamos de mejorar la visión, muchas personas imaginan ejercicios, técnicas o hábitos para descansar la vista. Sin embargo, existe un ingrediente del que se habla mucho menos y que puede tener un impacto sorprendente en nuestra manera de ver: el juego.

Sí, el juego.

Ese espacio en el que desaparece la exigencia, disminuye la presión por obtener resultados y reaparece la curiosidad.

Paradójicamente, muchas personas intentan mejorar su visión desde el esfuerzo, cuando los ojos funcionan mejor en un contexto de atención relajada, exploración y movimiento natural.

¿Y si una parte importante del aprendizaje visual tuviera más que ver con jugar que con esforzarse?

Cuando somos niños exploramos el mundo constantemente.

Miramos, tocamos, observamos, nos sorprendemos.

Nuestros ojos se mueven con libertad porque nuestra atención también lo hace.

Con el paso de los años ocurre algo curioso: empezamos a relacionarnos con el aprendizaje desde la obligación y con la visión desde la corrección.

Queremos ver mejor.

Queremos hacerlo bien.

Queremos resultados rápidos.

Y sin darnos cuenta introducimos tensión allí donde el sistema visual necesita flexibilidad.

La creatividad deja paso al control.

La espontaneidad deja paso al esfuerzo.

La exploración deja paso al juicio.

Y los ojos lo reflejan.

La mayoría de las personas creen que ver depende únicamente de los ojos.

Sin embargo, la visión es un proceso mucho más amplio.

Participan más allá de los ojos, la atención, la respiración, la postura corporal, las emociones y la interpretación que hace el cerebro de la información que recibe.

Por eso, cuando introducimos elementos de juego, también estamos estimulando muchos de estos componentes.

El juego invita a:

  • Mover los ojos de forma natural.
  • Ampliar la atención.
  • Reducir la tensión.
  • Recuperar la curiosidad.
  • Activar nuevas conexiones neuronales.

En otras palabras, crea condiciones favorables para el aprendizaje visual.

Piensa en algo sencillo: Estás paseando por un parque y decides observar cuántos tonos de verde puedes encontrar; o intentas descubrir formas curiosas en las nubes; o buscas detalles que nunca habías visto en una calle por la que pasas cada día.

En ese momento no estás intentando “hacer un ejercicio visual”.

Simplemente estás jugando.

Y, sin embargo, tus ojos están trabajando.

La atención se vuelve más flexible.

La mirada se mueve.

La percepción se amplía.

La experiencia se vuelve más rica.

Muchas veces los cambios más interesantes aparecen precisamente cuando dejamos de perseguirloso

Te hago 3 propuestas para tu vista:

  1. Exploremos los detalles

Durante unos minutos observa un objeto cotidiano como si nunca lo hubieras visto antes.

Busca colores, formas, texturas, reflejos o sombras.

Permite que la curiosidad guíe tu mirada.

…Una vez lo hayas hecho…

Si algo tan familiar puede revelarnos seguramente aspectos que nunca habíamos visto, ¿cuántas personas, situaciones o partes de mí mismo doy por conocidas sin volver a mirarlas realmente?

  1. El juego de la visión periférica

Mientras caminas, mantén la atención en un punto frente a ti y observa qué más puedes percibir sin mover la cabeza.

Personas, colores, movimientos, luces.

Descubrirás que el mundo es mucho más amplio de lo que normalmente percibes.

Y aprovecho para preguntarte: ¿En qué áreas de tu vida estas tan concentrad@ en un único objetivo, problema o preocupación que has dejado de percibir todo lo demás que también está presente?

  1. Busquemos lo inesperado

Elige una palabra antes de salir de casa: círculo, azul, flor, sonrisa…

Durante el día busca cuántas veces aparece.

Este sencillo juego activa la observación y entrena la capacidad de descubrir nuevas posibilidades.

Y una última pregunta con ocasión es esta propueta de juego…

Si mi atención determina en gran medida lo que veo, ¿qué estoy dejando fuera de mi realidad por el simple hecho de no estar buscándolo?

Quizá la mejora visual no consista únicamente en ver más nítido.

Quizá también tenga que ver con recuperar la capacidad de sorprendernos.

Con aprender a mirar sin tanta prisa.

Con permitir que los ojos vuelvan a explorar el mundo con la curiosidad que tenían cuando éramos niños.

Porque cuando cambia nuestra manera de mirar, también cambia nuestra experiencia de la realidad.

Y, en ocasiones, una transformación profunda puede comenzar con algo tan sencillo como volver a jugar.

En el programa Ver para Ver  trabajamos la visión desde una perspectiva integral.

No se trata únicamente de los ojos, sino de la relación que establecemos con nuestra atención, nuestro cuerpo y nuestra manera de estar presentes en el mundo.

A través de prácticas sencillas, exploraciones visuales y dinámicas de conciencia corporal, muchas personas descubren nuevas formas de relacionarse con su visión y con ellas mismas.

¿Te gustaría empezar?

Únete a la Comunidad Ver para Ver y descarga la Guía de los 7 hábitos que están cansando tu vista.

Luz y alegría

Tundra

Tundra

 

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Un diminuto punto azul pálido ( Carl Sagan)

Llegó el día. Nos anunciaron la entrada del solsticio y el evento planetario más esperado: hacía 800 años que Júpiter no se encontraba con Saturno como lo haría este año.

Conjuncion jupiter saturno

-¡Hay que vivirlo! – me dije.

El fuego que había en mí se entusiasmaba con el evento, mi aire se arremolinaba pensando en mil y un escenarios y, mi tierra pensaba, cómo organizar el disfrute de ese momento, como no, compartido. Acompañados por esa infusión que me gusta y me lleva al sentir donde quiera que esté.

A pesar del frío, de la humedad, la excitación estaba presente, también la alegría de poder vivir algo juntos de nuevo ,algo que quedaría en nuestra memoria.

Y nos reímos, y no atinábamos a montar el telescopio que hace una eternidad alguien que me quiere me regaló, quizás para poder disfrutar de este momento y, lo ves. 

 

Se hace el silencio y, recuerdo a mi padre señalando en la fotografía del hemisferio celeste y diciéndome: Tundra, vives en ese diminuto punto azul pálido.

Planeta Tierra

Lejos de sentirme insignificante me siento privilegiada por estar y poder cocinar en esta cocina.

Algunos sabios dicen: “lo que es arriba, es abajo” y pienso si toda esa inmensidad está en mí, en nosotros. Sí, me digo, vivimos en una cocina que lo tiene todo. Lo tenemos todo. Sólo hay que aprender a utilizar todas las especies: cuando poner un poco de pimienta o cuando endulzar, cuando saborear lo amargo y refrescarlo, cuando calentar nuestro estómago y arroparlo, y me voy a la cocina de fusión de Dàmaris.

Recordando el post en el que os preguntaba qué cocción queríamos para nosotros  o, qué receta nos preparábamos para hoy, mi mente, con un punto de nostalgia, vuelve a la infancia y a una música, Aprendiz de brujo, y conecto con las infinitas posibilidades, con las infinitas combinaciones y la capacidad de experimentar y de jugar que nos ofrece este momento.

Ante tales expresiones de entusiasmo, algunos podrían decir, no seas ilusa… y me resisto a que esa expresión me hunda el corcho; os diré porqué. Iluso proviene etimológicamente del latín (illusio-onis) que significa engaño y podría quedarme ahí, pero no, y voy algo más allá, observo que el verbo illudere está, en su núcleo principal, compuesto por el verbo ludere, jugar

 

 

…y pienso, ¿qué es esta vida sino un juego? Cierro los ojos y le doy las gracias a Mario, por su semilla.

Eso es, esta vida es un juego donde se te permite utilizar todos los ingredientes, combinarlos, disfrutarlos u obviarlos, compartirlos o no…  y quizás, después de jugar un poco, te das cuenta de que ésto es una ilusión, sin la connotación “despectiva” de engaño, por que no lo es, pero sí que no es real.

Me hago el símil de que es como haber entrado en un videojuego, donde puedes hacer todo lo que quieras y, llega el día en el que el juego se acaba… algunos quizás antes, otros quizás en ese momento tomamos consciencia de que sí es un sueño como decía Calderón de la Barca; pero hasta que se acaba el juego o el sueño, tal y como lo conozco, menudas posibilidades gastronómicas tengo frente a mí y, saco a mi aprendiz de brujo con la intención de crear, desde mi magia, la armonía que mi Real Ser ( como dice un amigo) necesita.

Hoy es el primer día del año, ¡menudo desafío, diría Saida! coge tu barita y toca todo aquello que deseas cambiar, empieza por algo sencillo, ¿cómo vas a empezar tu jornada?

Yo quizás vaya a la playa o al bosque, tengo la suerte de tenerlos cerca, me descalzaré y dejaré que el agua o las hojas acaricien mis pies, y que el sol me abrace y, estaré allí, en ningún otro lugar.

Os aseguro que gozar de eso el primer día del año es un maravilloso regalo… y, después de tal inyección de energía, quizás me aventuraré a experimentar una cocina explosiva, original e impactante que despierte mis sentidos, como nos proponía Pep.

Cuanta sabiduría me rodea. Gracias a todos los que  habéis compartido con nosotros vuestro saber hasta este momento.

¿Seguiremos con nuestra inercia?

Venga, suéñate, ¿A qué jugaremos hoy? ¿Qué magia crearás en tu cocina que le de color y sabor a este año que empieza?

¿No recorre cierta excitación a lo largo y ancho de vuestro cuerpo?

Os dejo deseándoos que dispongáis del tiempo para jugar y soñarlo.

En el próximo post continuaremos con esas especies que nos ayudan a cocinarnos y que pueden facilitarnos el descubrir facetas nuestras que no conocemos.

Os espero. Hasta entonces…

Luz y alegría

Tundra

Fotografia Tundra de San Martin

 

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