Todo empieza con una sonrisa

Estamos acercándonos a unas fechas señaladas. Las Navidades son para unos, la oportunidad de compartir tiempo con sus seres más queridos,;para otros, un tiempo de introspección. En cualquier caso, un tiempo para festejar la Vida. Festejar la oportunidad que tenemos cada día de experimentar, de reconocer, de bendecir (bien decir) por estar aquí.

Se la paz que rieras ver en el mundo

Algunos me pueden decir: Tundra, con la que está cayendo, parece que hablas de un mundo de fantasía, ¿acaso no ves las noticias? ¿acaso no ves cómo está el mundo?

Hace poco volví de un encuentro con gente maravillosa; lo que vivimos, aquel mundo, no era ese mundo del que hacen eco las noticias plagadas de desastres, catástrofes y corruptela.

Hace unos días, el corazón de muchos se alineó con un propósito: el de Ver, Ver más Claro, Ver desde el corazón.

La semilla que se había plantado: una sonrisa, ese maravilloso gesto que todos lucían por doquier convencidos de que se puede transformar el mundo.

Ese pequeño “mundo”, ese grupo de gente, en este instante, mientras tu y yo leemos o escuchamos esta somera reflexión, se comprometió a difundir otra manera de ver…una que permitiera a todos y cada uno manifestar lo que es en esencia, eliminando tensiones, sintiéndose, quitando falsas corazas y abriendo corazones…y eso empieza con el gesto más simple: una sonrisa.

Madre Teresa decía que la Paz comienza con una sonrisa.

Sonríete a ti mismo, aunque a veces cueste. Sonríele al que tienes delante, que no es otro que tú, sin saberlo y, entre todos, podremos sembrar la paz que tanto anhela nuestra alma.

Habrá cosas que deberemos dejar por el camino, habrá heridas que curar en el proceso y eso quizás duela. En tanto, podremos recordar a Rumi cuando decía que la herida era el lugar por donde la Luz entraba en nosotros y serà bueno que el Amor y la Compasión nos acompañen en el trayecto.

Me gustaría traslladar un mensaje de esperanza. Algunos dicen que la esperanza es el pilar del mundo;  yo diría que lo es el AMOR, que se envuelve de esperanza, que no de ingenuidad.

Así que permitid a la llegada de este escueto texto, que ese mensaje de esperanza en la humanidad guiada por el corazón se instale en vosotros. Permitios salir a la calle con una sonrisa interna, con ojos limpios, reconociendo y bendiciendo al que os encontreis.

Unas navidades hace ya algunos años escribí: … “hay muchas almas que miran nostálgicas cada noche a Vega, buscando el camino de vuelta a casa, y ella, silenciosamente, les marca el sendero que los lleva a su corazón”… cada vez somos más los que pertenecemos a ese club inclusivo en el que todos y cada uno tenemos cabida; cada uno desde su unicidad. (https://tundrasblog.com/el-templo-de-la-verdad/)

Amemos y recordemos que “el  amor tiene manos para ayudar a los demás. Tiene pies para apresurarse a aliviar la aflicción. Tiene ojos para ver la miseria y la necesidad. Tiene oídos para escuchar los suspiros y las penas de los hombres.”

Si no lo sientes así, solo inicia tu día con una sonrisa, serà el primer gesto amoroso que hagas a tu mundo y, por qué no,  ¡expórtalo!… Seamos la Paz que queremos ver en el mundo.

Luz y alegría

¡Felices Fiestas!

Tundra.

Tundra

 

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Los cuentos del agua

Vivía en un pueblecito, un personaje al que todos llamaban abuela María. La abuela María era conocida por todos por que había sido la antigua maestra de la escuela. Acostumbraba a llevar el cabello recogido en un moño y caminaba despacito por que sus piernas no podían hacer grandes esfuerzos, pero si mirabas sus ojos vivos y expresivos, parecía que les quedaba mucho por decir.

Acostumbraba a sentarse en un banco de la plaza mayor, a la sombra si era verano, y al solecito si empezaba a refrescar, y contaba historias a los niños; de hecho, era la mejor explicando cuentos. Sacaba del bolsillo de su delantal cualquier objeto que había recogido: una pinza de la ropa, un imperdible, un botón… y les proponía a los niños que hiciesen una frase bonita con él, continuando ella un relato de lo más inverosímil que alimentaba la imaginación de los niños. Sus cuentos estaban llenos de héroes que defendían la verdad y seres mágicos que, según ella, podían encontrarse en cualquier lugar del pueblo, si se llevaban los ojos bien abiertos. Para eso, para abrir los ojos interiores de aquellos niños, los invitaba a que los cerrasen; decía, que si las ventanas estaban abiertas había demasiadas distracciones y no descubrirían esa manera de mirar especial que ella les proponía.

Un día, al inicio del otoño, en una tarde en la que las hojas de los árboles planeaban suavemente sobre sus cabezas explicó el último cuento que se recuerda de ella.

El relato explicaba la vida de los habitantes de un valle muy bonito entre montañas donde se habían perdido las ganas de jugar y reír.

Los padres y madres de los chicos que allí habitaban tenían mucho trabajo en el campo, y los niños ya no salían a buscar lagartijas, ni ranas, ni sapos, ni explicaban nada cuando se sentaban a la mesa cerca de la chimenea a la hora de cenar.

Los chicos acostumbraban a sentarse en el empedrado que había detrás de la serrería cerca del río y dejaban pasar sin más las horas.

Entre ellos había una niña muy pequeña, a quien nadie prestaba atención. Observó aquella niña algo entre los matojos que se movía, y se acercó.

Se acercó, y pudo ver una niña como ella pero, algo distinta, tenía dos alitas. La niña, inocente como era, le preguntó cómo se llamaba y cuantos años tenía.

Tenía un nombre extraño: Nur, le dijo, y lo que más le sorprendió, parecía que tenía muchiiiiiiisimos años.

Era un hada, algo que no pareció sorprender a la niña y le contó que vivía en el bosquecillo que lindaba con el río.

Para celebrar tan agradable coincidencia, el hada le propuso a la niña ir a jugar juntas, a lo que ella preguntó: ¿qué es jugar?.

El hada abrió los ojos de par en par incrédula y le preguntó: ¿no has jugado al escondite? ¿Ni a sorprender a los animales en el bosque?, ¿No has jugado a ver la forma que tienen las nubes en el cielo?

La niña, sincera, le dijo que los chicos solamente se sentaban en el empedrado y que ella, como se aburría allí, iba a ayudar a mamá que siempre tenía muchas tareas que hacer.

Descubrieron juegos divertidos como jugar con las ranas que les hacían reír al saltar sobre sus barrigas desnudas, o imitaban los gestos de los ratoncillos de bosque.

Cuando volvió a casa a la hora de la cena, tenía mucho que explicar, pero allí todos estaban serios y no se atrevió a decir nada.

Pasaban los días y la niña aprendió a jugar, a reír… pero algo le preocupaba y es que, a parte de su nueva amiga secreta, todos en casa estaban serios y circunspectos.

Al hada aquello le pareció verdaderamente preocupante, así que le dijo que harían magia. Le pidió que llenara una botella de agua en la fuente a la que añadió una de sus alas. La agitó, y le dijo que se la diese a beber a sus amigos.

La niña andaba feliz hacia el empedrado cuando su hermano, en un arrebato, le cogió la botella y se la bebió toda de un suspiro dejándola a ella helada.

En su pensamiento surgió la reprimenda: ¡era para todos, no sólo para ti! …le decía en silencio.

Al volver esa noche a casa, su hermano estaba inusualmente comunicativo y hablaba por los codos. Nadie acertaba a entender qué pasaba salvo ella.

Al día siguiente, como es natural y ante tan espectacular resultado, la niña contó al hada lo sucedido y le pidió más agua…para el resto de los chicos que, al beberla, volvieron a casa transformados.

Tanta magia era difícil no compartirla, así que pidió más: para su madre, para sus tíos, para sus vecinos…

Al hada ya no le quedaban alas, y tardarían mucho en crecerle unas nuevas, así que le propuso disolverse en el agua de la fuente y cada sorbo que bebieran de allí transformaría sus vidas.

La niña no entendió bien lo que significaba disolverse en la fuente, pero convencida de que no perdería a su nueva amiga, accedió a la propuesta.

Nuestra hada salió del bosque y se sumergió en las aguas que alimentaban la fuente y, ¡oh sorpresa! Todo el pueblo empezó a sonreír, a bromear, a hablar mientras comían y a explicar historias alrededor de la chimenea por las noches.

Nadie supo del cambio, sólo la niña que iba cada día a la fuente a dar las gracias a su amiga.

La tarde en que la abuela María explicó este cuento, los niños del pueblo se fueron a casa pensando si en su pueblo habría alguna fuente mágica como la del cuento  de la abuela . Esa noche soñaron con caballeros, aventuras y seres que los mayores decían que no existían.

Durante una semana hizo muy mal tiempo, soplaba el viento, era desagradable estar en la calle y no hubo ocasión de volver a la plaza. Los niños echaban de menos los relatos de la abuela María así que el primer día que el tiempo acompañó, al salir de la escuela, se reunieron todos en la plaza esperando ansiosos otro cuento más.

La abuela María no apareció, de hecho, nunca más se supo nada más de ella. Encontraron su casa ordenada y la puerta abierta …todo un misterio.

Otro misterio alegraría poco después a los niños, pues al hacer obras en la plaza mayor, bajo el banco donde habitualmente se sentaba ella, salió un chorro de agua proveniente de un acuífero que cruzaba la plaza, hecho que fue aprovechado por la municipalidad para colocar una fuente.

A partir de entonces, se corrió la voz y los niños pasaban a buscar agua después del colegio diciendo que era el agua de la abuela María.

Las buenas lenguas dicen que aquellas aguas inspiraban las mentes de los niños, eran creativos y explicaban mil historias a la hora de cenar cuando se encontraban en familia.

Tanta fama llegó a tener la fuente de la plaza que se creó un concurso infantil en honor a la abuela María. Lo llamaron:” Los cuentos del agua”.

Fuese una leyenda o una casualidad, la inspiración había llegado a sus vidas a través de una fuente emblemática para que no se perdieran las sonrisas, los juegos y los relatos.

¿Qué aguas inspiran tu vida? ¿En qué aguas bebes?

Luz y alegría

Tundra

Fotografia Tundra de San Martin

 

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