Enero llega como una invitación silenciosa a volver a empezar. Tras el recogimiento de diciembre, el cuerpo y la mirada parecen pedir algo distinto: más espacio, más aire, más amplitud… quizás porque también los días empiezan a alargar lentamente. Si estos meses atrás aprendimos a habitar la oscuridad con amabilidad, este nuevo mes os propongo un gesto sencillo y esencial: respirar.
Respirar no solo con los pulmones, sino con todo el cuerpo, como el vaivén rítmico de una bandada de estorninos. Y en ese movimiento, nuestros ojos, también respiran.
Muchas prácticas de visión saludable incorporan, de forma más o menos explícita, este diálogo con la respiración. El balanceo suave, el parpadeo consciente, el palmeo… todos ellos se vuelven más eficaces cuando van acompañados de una respiración fluida. Sin ella, el ejercicio se convierte en técnica ejecutada con mayor o menor destreza. Con ella, se transforma en experiencia, es la diferencia que crea la diferencia.
Enero suele venir cargado de propósitos, listas y expectativas. Pero quizá la verdadera propuesta de este mes sea otra: pausar para respirar y respirar para ver.
Tomarnos unos minutos al día para sentarnos, cerrar los ojos o dejarlos reposar suavemente, y observar la respiración tal como es. Sin corregirla. Sin exigirle nada. Permitir que, poco a poco, se vuelva más amplia. Y notar qué ocurre en los ojos, en la frente, en la nuca, en la manera de estar presentes.
En ese espacio de pausa, la visión deja de ser una herramienta para hacer y se convierte en un canal para sentir. No vemos mejor porque forcemos la claridad, sino porque aprendemos a soltar la tensión que nos impide percibir.
Respirar conscientemente es una forma de volver a casa. Y cuando volvemos al cuerpo, la mirada cambia. Se vuelve menos exigente, menos defensiva, más curiosa. Empezamos a ver no solo lo que está fuera, sino también cómo estamos por dentro cuando miramos.
Quizá podamos iniciar el año permitiendo que la respiración abra espacio y que los ojos se hagan presentes cayendo en la cuenta de que cuidar la visión no es solo una cuestión óptica, sino una práctica de presencia.
Respirar con los ojos es, en el fondo, aprender a mirar la vida sin contener el aliento.
¿Te apuntas a respirar conmigo este mes?
Luz y alegría
Tundra
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