
Consternación, incredulidad, indignación, dolor y angustia por haberlo perdido todo y tener que abrir los ojos cubiertos de barro. Estas son algunas de las emociones que se han respirado estos días, después de que la naturaleza nos mostrara su fuerza y dominio sobre lo que nos rodea. A la par, había reacciones de sostén y apoyo, colaboración y una cierta simbiosis emocional con quien respira cada mañana el olor a humedad y fango. (Para aquellos que no sois españoles o quizás no os llegó la información, la gota fría arrasó en Valencia este año).
En este contexto, leo una frase que me sacude y me impide adormecerme o desconectarme de la vida. Y la frase es: “Vamos a morir y por eso somos afortunados. La mayoría de la gente nunca va a morir porque nunca va a nacer” (Richard Dawkins).
Me siento zarandeada por un ensartado de palabras que me alerta y me hace cuestionarme si estoy verdaderamente viva o simplemente adormecida.
Me pregunto si nos permitimos “nacer” a lo que SOMOS para dejar de andar como enfermos sociales siendo convenientes o buscando la aceptación.
Te la repito, escúchala y deja que sus palabras lleguen a ese lugar abismal en el que a veces nos escondemos y del cual, a veces también, parece tan difícil salir.
“La mayoría de la gente nunca va a morir porque nunca va a nacer”
¡Despierta!
Luz y alegría
Tundra

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