Estamos dando fin al invierno. Los días ya empezaron a alargarse y en ese intervalo hacia la primavera hay días de lluvia y hay días de niebla antes de que se evidencie la explosión que nos mostrará el potencial que el mutismo del invierno custodió durante estos meses.
En ocasiones la niebla se cierne como un manto de incertidumbre. El aire se carga de silencio, y hay preguntas que resuenan en un vacío ensordecedor y quizás nos preguntamos cómo encontrar el camino cuando todo parece envuelto en una bruma impenetrable, o qué dirección tomar, cuál es la elección adecuada.
Las respuestas, como la niebla misma, son esquivas, si buscamos fuera de nosotros mismos.

Imagen de Ingo Jakubke en Pixabay– niebla montañas
Mantenerse en la niebla, donde no hay referencias familiares a las que asirse, no es sencillo…nadie nos enseñó a caminar por ahí. La respiración se agita y parece que todo a nuestro alrededor se desordena. Aparece la prisa por encontrar un camino. Se busca con desesperación algo de claridad o a alguien que nos indique qué hacer o a donde ir. Aparece la sensación de caos y eso, por término general, no nos gusta.
En nuestro viaje, y la niebla es una de sus estaciones, se nos ofrece la oportunidad de practicar el gran secreto: sumergirse en uno mismo para volver desde las profundidades con el mapa en la mano.
Para eso hemos de pactar con nuestra impaciencia, que nos apura para tener una respuesta a cualquier precio; hemos de pactar con nuestra inseguridad y la imposibilidad de disponer de la contestación correcta en el preciso instante en el que nuestra mente la requiere.
La respiración es un excelente aliado en esa ceguera temporal de nuestro horizonte facilitando el acceso a nuestro espacio interior, allí donde se aloja esa llama que nunca se apaga y que nos guía si nos damos el permiso de escucharla. https://guiomarburgos.com/
Su ritmo, su amplitud y su dirección ponen orden en el desorden, serenidad en la angustia, claridad en la oscuridad.
En el ciclo de la vida, los momentos de niebla y certeza se alternan igual que alternamos la vigilia y el sueño o el ayuno y la ingesta. El cómo transitamos de uno a otro dependerá mucho de cómo escuchamos nuestra voz interna…si es que lo hacemos. En muchas ocasiones nuestra relación con ella es intermitente y los bancos de niebla son muy espesos y nos generan desazón, momento ideal para pararse y darse cuenta de que lo que hicimos hasta el momento llegó a su fin, y se tiene que tomar una nueva dirección.
Si no atendemos a esa señal de ponernos en modo ralentí, nos agitamos innecesariamente gastando energía donde no toca porque no vemos dando así palos de ciego.

Dibujo de : Ángel de San Martín
Por eso, si hueles la llegada de la niebla, húmeda, fría y asediante aminora el paso, acércate a algún entorno natural, ya sea un parque, el mar, la montaña…lo que pueda ser más cómodo para ti en el lugar en el que estés y atiende a tu respiración.
Permítete soltar lo mismo que tomas. No reserves aire para después, suéltalo todo en la confianza de que habrá suficiente para la siguiente inhalación.
Baja de tu mente al corazón y busca la respuesta que necesitas. No siempre aparecerá al instante o como esperabas, así que requiere que estés atent@ a las señales que irán mostrándose y que serán pequeños flashes en la oscuridad.
Nuestra mente es la que se llena de miedos. Si sentimos como pulsa en nosotros la Vida podremos abrirnos a la confianza en la incertidumbre y no ser obstáculo para que la Vida fluya a través de nosotros.
Si estás en ese momento o lo has estado, seguro que sabes de lo que hablo. Y si hay alguien cerca de ti que sospechas que lo está transitando, sólo dale tu mano…a veces sólo se necesita eso para disipar las nieblas que le obstaculizan dar el siguiente paso.
Deseo que entréis en la primavera con claridad.
Luz y alegría.
Tundra

Copyright © Tundra de San Martin tundrasblog.com